viernes, 29 de marzo de 2013

Madeleines de Commercy

La magdalena de Commercy debe su nombre a una joven criada llamada Madeleine Paulmier, que en 1755 elaboró estos pastelitos para el rey de Polonia Stanislas Leszczyński, que tenía allí un palacio. Esta tradición es todavía muy popular hoy en día. Quizás las magdalenas sean más conocidas fuera de Francia por su presencia en la novela de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido ("Por el camino de Swann), en que el narrador recobra la memoria de su infancia después de oler y comer una magdalena mojada en . Sin embargo, Proust se refería a la variedad concreta de Commercy, en Lorena, a la que llamaba "petite madeleine", que no se deshace al empaparse. (Wikipedia. La enciclopedia libre.)

Ingredientes:
10 gr. de azúcar vainillado
190 gr. de azúcar
5 huevos
Cáscara rallada de limón o en su defecto un chorrito generoso de aderezo de limón
200 gr. de harina tamizada
1 cucharadita de levadura en polvo
180 gr. de mantequilla derretida

Elaboración:
Precalentar el horno a 180 grados. Batir el azúcar vainillado y el azúcar junto con los huevos hasta que se mezclen bien. Añadir la ralladura o el aderezo de limón. Añadir la harina y la levadura a la mezcla anterior, removiendo bien hasta que no queden grumos. Agregar la mantequilla tibia y remover hasta que sea absorbida. Dejar reposar la masa 15 minutos como mínimo. Llenar las cavidades del molde unas 3/4 partes con la masa. Hornear 8 minutos exactos (10 minutos si se quieren más tostadas).

Fragmento de "Por el camino de Swann".
"Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios unas cucharadas de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las miga del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba."
Por el camino de Swann
En busca del tiempo perdido I -Marcel Proust-
Pág.38
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